ABC – 14/9/2011
http://www.abc.es/20110914/local-madrid/abci-culturalarte-como-casa-201109141313.html
Cuatro grandes colecciones privadas de Madrid abren sus puertas este fin de semana y comparten, por unas horas, sus tesoros con los amantes del arte de la ciudad
Es muy loable que un centro como el Museo Reina Sofía se sume a una iniciativa como esta para mostrar su potente colección de una manera alternativa. Así, aprovechando la fiesta de las galerías, su máximo responsable, Manuel Borja Villel, y su directora de colecciones, Rosario Peiró, enseñarán de primera mano sus contenidos en una visita guiada el próximo viernes 16 a partir de las 19:00 horas. Sin embargo, merece nuestro aplauso que coleccionistas privados hagan lo propio y compartan sus conjuntos artísticos, solo al alcance de muy pocos. Madrid esconde algunos de estos tesoros, que, en grupos reducidos, se mostrarán en la mañana del viernes, tal y como se hace en otras ciudades como Miami.
Colección Meana-Larrucea
Fue un regalo de bodas (una escultura de Vicente Larrea) el que animó al abogado Fernando Meana a iniciar su colección de arte. Del primer bonifacio a la última obra de Marijke van Warmerdam, su conjunto comenzó centrándose en los creadores vascos, para saltar a otros artistas españoles y de ahí a grandes nombres internacionales. Meana está acostumbrado a mostrar las obras que guarda con mimo en su domicilio del Paseo de la Castellana con motivo de citas puntuales como ARCO («entre los últimos en visitarnos –recuerda– estuvieron los directores del Pompidou y del Museo de Los Ángeles»), así como a prestarlas: «Creo en iniciativas como estas porque fomentan el coleccionismo. No le daré nombres, pero yo he animado a algunas personas a empezar a coleccionar después de visitar mi casa».
Colección Mima. Betancor-Manuel de la Torre
Lienzo de G. Fïrg (2007)
A principios de los años ochenta, Mima Betancor fue copropietaria de una galería que abrió camino en España a la pintura germana y centroeuropea. Ese mismo espíritu, en cuyo mantenimiento ha jugado siempre un papel capital el galerista Heinrich Ehrhardt, continúa ahora como coleccionista: «He ido conformando un conjunto de unas treinta piezas que refleja el paso de las últimas tres décadas del arte alemán –y señala un lienzo de Günther Förg de 2007 como obra indispensable– guiada por mis emociones y tratos personales, y siguiendo fielmente las actividades de mis galerías amigas». Betancor también está acostumbrada a mostrar sus fondos, que reposan en su domicilio, cerca del parque del Retiro: «Hemos organizado encuentros con coleccionistas de Colonia y Fráncfort. Me gusta este tipo de citas porque invita a la comunicación y es un aliciente para los artistas jóvenes», concluye.
Proyectos específicos en Torre Espacio
Detalle del díptico de Ackermann
Cuando a finales de la pasada década se inauguraba en el Paseo de la Castellana Torre Espacio, perteneciente al grupo Villar Mir, un exceso de prudencia evitó mostrar los tres grandes proyectos artísticos que sus promotores encargaron a otros tantos artistas internacionales de renombre para decorar algunos de sus espacios de paso, explica Pepe Cobo, quien participó activamente en las gestiones. Los actos de la próxima semana son una buena excusa para retomar las presentaciones y dar a conocer al gran público el inmenso díptico de Franz Ackermann para el lobby, la escultura de Tobias Rehberger para el coffee corner del Espacio 18 y el monumental lienzo de Alejandra Freymann del Espacio 33, todos ellos inspirados en los motivos «siderales» que dan nombre a la Torre.
Elba Benítez. «Apartamento de invitados», de Jorge Pardo
Detalle de la obra de Pardo
La única instalación de Jorge Pardo en España está en Madrid, y en un domicilio privado, el de la galerista Elba Benítez. Aunque su nombre es Apartamento de invitados, la pieza es realmente una escultura habitable enclavada en la novena planta de uno de los pisos del número 67 de Gran Vía. El espacio ya pudo ser visitado por el público hace unos años («hasta aquí se acercó Lynne Cooke, subdirectora del Reina Sofía, cuando aún no trabajaba en la ciudad», reconoce su propietaria). La ventaja ahora es que es «un ámbito vivido, habitado. Antes era una obra cruda», puntualiza. «Mostrar proyectos como este es algo que teníamos que haber hecho antes –señala Benítez–, pero nunca es tarde. Así podemos aprender de lo que han hecho otros y aportar nuestra singularidad local».